¿Alguna vez has pensado lo fácil que sería todo si Dios no hubiera puesto el árbol del bien y del mal en el Edén?
Hace algunos años cuando comencé a leer la Biblia, recuerdo que me pregunté ¿Por qué Dios puso el árbol? Pensaba que le había dado un espacio al enemigo para meterse, y destruir al ser humano. ¡El diablo engañó a Adán y a Eva por culpa del árbol!
Pero si Dios no hubiera puesto el árbol en el Edén, el ser humano no habría tenido más opción que amar y obedecer a Dios, y ese «amor» no sería amor, sería una imposición. El verdadero amor es libertad. Por eso Dios desde el principio nos da libertad, libertad para elegir amarlo y obedecerlo.
Somos libres, y podemos elegir. En toda la Biblia vemos la libertad de las personas, me encantan los libros de los Reyes de la Biblia, porque podemos ver las decisiones de muchos de los Reyes de Israel, podemos ver cómo sus decisiones impactaron la historia. Vemos reyes como David y Josías que honraron y obedecieron a Dios, y vemos otros reyes que se olvidaron por completo de Dios.
El amor es libertad, y el ejemplo más grande fue Jesús, quien decidió dar su vida por nosotros. El no entregó su vida en contra de su voluntad, no estuvo obligado a hacerlo, pero aún así te amo tanto que entregó su vida por ti y por mi.
Pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores. (Romanos 5:8 NTV)
«Nadie puede quitarme la vida sino que yo la entrego voluntariamente en sacrificio.» (Juan 10:18 NTV)
El amor es libertad. ¿Qué vas a hacer con tu libertad?
Padre, gracias por darnos libertad, gracias por siempre dejarnos elegirte, ayúdanos a elegir amarte y a obedecerte todos los días, ayúdanos a honrarte con nuestra vida
y con nuestras decisiones, ayúdanos a ser luz y reflejar tu amor a donde quiera que vamos. En el nombre de Jesús, Amén.
