“Dios bendice a los que son pobres en espíritu y se dan cuenta de la necesidad que tienen de Él, porque el Reino del Cielo les pertenece.”
Mateo 5:3 NTV
Muchas versiones traducen la palabra Makarios de diferentes formas, algunas dicen bienaventurados, otras dicen felices, afortunados, dichosos… Sin importar tu versión de la Biblia, ¿le llamarías dichoso o afortunado a alguien pobre? ¡Ante nuestros ojos los dichosos son los que tienen, no los que necesitan algo!
La palabra original que se usa para Pobres es ptōchoi – y es alguien que ruega de rodillas esperando que su necesidad sea respondida por alguien más. Antes de continuar sólo quiero aclarar que la Biblia no dice que la pobreza física o ausencia de posesiones es la forma de recibir bendiciones.

Me llama la atención pensar que una persona pobre no puede satisfacer sus propias necesidades y por eso ruega de rodillas que alguien responda a su necesidad. Estamos estudiando las bienaventuranzas como actitudes en el corazón, lo opuesto a esta bienaventuranza sería sentir que tengo suficiente y no necesito que nadie responda a ninguna necesidad, esto es darle lugar al orgullo y a la autosuficiencia.
«Si cumplir la ley pudiera hacernos justos ante Dios, entonces no habría sido necesario que Cristo muriera.
Gálatas 2:21
Necesitamos recibir una revelación para ver lo mucho que necesitamos de Jesús y renunciar al orgullo. ¿Sabes qué? Esto nos va a hacer más sensibles ante Dios, nos va a ayudar a responder mejor a su palabra y a su gracia.
El énfasis de esta bienaventuranza para mi está en no dar lugar al orgullo, sino a seguir la voz de Dios y dejar que ÉL sea quien llene mi espíritu. Nada va a satisfacerme, ningún título, ni dinero, ni personas van a poder llenar mis necesidades mejor que Él.
La recompensa que se nos ofrece en esta bienaventuranza es el reino del cielo, y creo que es porque se requiere humildad para reconocer que necesitamos un salvador (Jesucristo) y que no importa qué hagamos, o que tan buenas sean nuestras obras, la única forma de ser justificados es por gracia, a través de la sangre de Cristo.
Me encanta que esta primera bienaventuranza también es lo primero que necesitamos para recibir a Jesús como nuestro Salvador, no creo que sea casualidad que lo primero que Jesús le dice a sus discípulos es que necesitan reconocer que son pobres de espíritu y que necesitan de un Salvador. Pablo lo explica bien en Efesios 2:9 «La salvación de ustedes no es el resultado de sus propios esfuerzos. Por eso nadie puede sentirse orgulloso.»
Tu y yo necesitamos reconocer que necesitamos del Padre Celestial, que necesitamos la gracia de Jesus todos los días, y necesitamos ser guiados por su Espíritu.
Ahora sí hace sentido decir: ¡Dichosos los que se dan cuenta de que necesitan de un Salvador! ¡Dichosos los que ruegan a Jesús esperando que su necesidad sea respondida! ¿Y sabes qué? El fruto de vivir en dependencia a Dios va a ser una vida sobrenatural.