Bienaventurados los Mansos

Dios bendice a los que son humildes, porque heredarán toda la tierra.

‭‭Mateo‬ ‭5:5 ‭NTV‬‬

La palabra original que se usa para «manso» es «praÿs» y aunque muchas veces vemos la mansedumbre como una señal de debilidad, en realidad esta palabra Praÿs es fuerza bajo control. Entonces alguien manso es alguien que puede estar enojado, pero no ceder ante la ira, no pecar, ni ser provocado fácilmente por otros, sino obedecer la voluntad de Dios.

Hasta ahora, en las 2 bienaventuranzas anteriores hemos visto como necesitamos reconocer con humildad nuestra necesidad de Cristo, para entregar y rendir nuestra vida, pero necesitamos dar un tercer paso: ser obedientes.

Es importante que tomemos una decisión, ¿Vamos a sujetarnos a la autoridad de Cristo? Ser discípulos y seguir la voluntad de Dios no siempre es fácil, sobre todo porque no siempre nos va a invitar a hacer lo más fácil o conveniente para nosotros, y aquí es donde nosotros debemos de tomar toda esa fuerza que tenemos, y con dominio propio sujetarla a Jesús.

El contraste de esta bienaventuranza es dejarnos guiar por nuestra avaricia, es buscar nosotros tener poder a toda costa, ser nosotros quienes dominan a otros. ¿Cómo tratas a tus hermanos menores? ¿Cómo tratas a las personas bajo tu cargo? ¿Cómo respondes a las personas que están en autoridad sobre ti? Porque si no puedes dejar tu deseo de poder para sujetarte a la autoridad de tus papás, de tu jefe, de tu esposo para las casadas, ¿vas a poder realmente tener el dominio propio necesario para obedecer a Cristo?

La recompensa de esta bienaventuranza es que heredaremos la tierra. Me gusta mucho que en el antiguo testamento, la recompensa que Dios les dio a los Israelitas al traer libertad a sus vidas fue la tierra prometida. De la misma forma, cuando los hijos e hijas de Dios reconocemos nuestra necesidad de Cristo y permitimos que su Espíritu Santo nos limpie y sane nuestras heridas, y decidimos sujetarnos a la autoridad de Dios en nuestra vida, vivimos un adelanto de lo que será el cielo, pero lo vivimos aquí en la tierra. ¡Su voluntad se hace en la tierra como en el cielo! ¿No te parece que eso es heredar la tierra?

El fruto que esta bienaventuranza puede producir en nuestra vida es dominio propio y sujeción a la autoridad. Jesús es el mejor ejemplo, y Pablo lo dice mejor en Filipenses 2:

Que haya en ustedes el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús, quien, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo y tomó forma de siervo, y se hizo semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Filipenses 2:5-8 RVC

Que el Espíritu Santo nos siga acompañando en las bienaventuranzas que siguen como lo ha hecho hasta ahora, y nos ayude a:

  • Reconocer lo mucho que necesitamos de Cristo.
  • Dejarnos sanar y limpiar con su amor y su consuelo.
  • Decidir ser obedientes y sujetarnos a Cristo.