«Yo ya no estoy tan seguro…»

dudasDudas… Todos hemos dudado en algún momento ¿no? sobre todo cuando comenzamos a vivir conflictos, adversidades, cuando todo parece ir mal y estamos perdiendo la esperanza y la fe. El mismo Juan el Bautista dudó…

¡Sí! el hombre que le dijo a Jesús «Yo soy el que necesita que tú me bautices» (Mateo 3:14) reconociendo así quién era Jesús, y además según el evangelio de Juan, Juan el Bautista exclamó al ver a Jesús caminando hacia él «¡Miren! ¡El cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!» (Juan 1:29). Por una parte yo pienso, ¿Cómo este hombre estaba tan seguro entonces, y días después, el mismo hombre que estuvo lleno de fe tenía tantas dudas?

Juan, que estaba en la cárcel, oyó hablar de los hechos de Cristo y le envió unos discípulos suyos para que le preguntaran:

— ¿Eres tú el que tenía que venir, o debemos esperar a otro? (Mateo 11:2-3)
Religiosamente, yo lo juzgaría por haber perdido la fe, pero debo admitir que si fuera YO quien está en la cárcel, a punto de ser decapitada, también habría dudado.
Pero, lo que quiero decir con todo esto es que a veces vamos a dudar, en cualquier área de nuestra vida, sobre nuestras decisiones familiares, novios, incluso sobre un matrimonio, relaciones amistosas, nuestro trabajo, nuestra carrera, inclusive podemos dudar sobre nuestro ministerio. Es completamente normal, eso no hace que Dios nos deje de amar, o que perdamos las promesas que Dios nos ha hecho por dudar…
Al sentir esas dudas, al sentir que nos ahogamos en problemas, al sentir que probablemente nada valga la pena, o que todo fue un error (porque te digo, es posible que llegues a pensar que no escuchaste bien la voz de Dios, y elegiste el camino equivocado), lo más importante es apartar un momento, detenerte y volver a Dios, preguntarle qué hacer, algunas cosas no van a ser como queremos, no creo que Juan quisiera morir, pero debemos tener FE en la respuesta de Dios, sin importar si esa enfermedad será sanada o no, si ese problema económico va a durar un poco más o va a terminar hoy, si tu relación se va a restaurar o no (me refiero a noviazgo), sin importar lo que suceda, debemos aprender a tener Fe en que lo que Dios dijo se va a cumplir, en que todo lo que Él hace va a obrar para nuestro bien al final, aunque HOY no lo entendamos.
No se trata de pensamiento positivo, no se trata de ser optimistas, se trata de saber quién está en control, se trata de tener Fe en el Dios de milagros, capaz de crear TODO donde no hay NADA.
Tu Fe es la que va a mover el corazón de Dios, él no resiste un espíritu quebrantado, si ya no sabes que hacer y las dudas te están consumiendo te invito a buscar hoy a Dios, él tiene una respuesta para ese problema que estas enfrentando, no temas pedirle ayuda, él te está esperando con los brazos abiertos, sin importar quien seas tu para el mundo (el ladrón, el mentiroso, el tramposo…) para Dios tú eres el hijo que él ama profundamente, y eso no lo determinaron tus acciones, lo determinó Jesús en la cruz, y eso es algo que ni tú ni nadie puede cambiar.

Hechos para grandes cosas.

Dios nos ha hecho tan complejos, tan perfectos, y a la vez tan imperfectos…

Dentro de nosotros hay un gran potencial, Dios ha puesto en nosotros sueños y anhelos, y a su vez ha puesto dones y talentos que nos van a ayudar a alcanzar estos sueños, si esto fuera poco, además de ésto ha puesto en nosotros personalidades distintas, que nos separan de los demás, aunque tengamos un don igual al de alguien más, nuestra personalidad y creatividad nos llevan a otro punto dentro del mismo talento. ¿No es impresionante la creatividad de Dios?
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Pero además nos ha hecho imperfectos, con defectos, debilidades, aspectos que no nos gustan de nosotros mismos (por ejemplo un carácter explosivo, o una sensibilidad extrema que puede causarnos problemas) pero esto lo ha hecho para que dependamos de Él, y reconozcamos que solos no podemos.
Pero algo es seguro, Dios nos ha hecho para bendecirnos, para multiplicar lo que ha puesto dentro de nosotros, lo que hay en nuestras manos, para hacernos mejores, para fortalecernos en la debilidad.
No tengas miedo de aceptar las bendiciones de Dios, no tengas miedo de explotar los talentos que Él te ha dado, no le temas al «qué dirán» cuando Dios te haga prosperar y respalde tus planes, en cambio siempre reconoce que lo que tienes vino de Dios, y es para Su gloria y honra, a la vez, no tengas miedo a fracasar, porque Dios ha dicho que todo obra para nuestro bien (sí, aún el fracaso, en manos de Dios puede ser una de las mayores bendiciones en nuestra vida).
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Tengo 20, y tengo miedo de morir…

Tengo 20 años, y tengo miedo de morir sin hacer nada por nadie

Tengo miedo de morir y haber vivido una vida irrelevante

sin haber amado como Jesús, sin interés, sin esperar nada a cambio…

¿Qué me hace diferente de los demás si amo a quienes me aman?

No quiero morir sin haber impactado la vida de alguien

sin compartir lo que Dios ha hecho en mi vida…

tengo miedo de ser una persona más que vivió y murió,

Tengo miedo de no usar mis dones y talentos,

de no dejar una huella en este mundo,

o al menos en la vida de las personas más cercanas,

de no compartir con otros lo que cambió mi vida,

La vida de Jesús…

Tengo miedo de que mi vida no valga el sacrificio que Jesús hizo por mi…

No le tengo miedo a la muerte,

sino a vivir una vida vacía, egoista y sin propósito.

El valor del mes

Este mes estoy dándole clase a un grupo de niños de 10 y 11 años, pero a veces creo que son ellos los que me enseñan a mi, el valor que estamos viendo este mes es:

Estaba tratando de enseñarles que la convicción es defender lo correcto aunque los demás no lo hagan, les dije que a veces nuestros amigos quieren hacer algo que sabemos que está mal, y debemos hacer una pausa y defender lo correcto, después de oir mi pequeña historia muchos de ellos se animaron y me dieron muchos ejemplos de convicción, muy buenos y muy inocentes, era mi segunda vez con niños entonces me sentía bastante bien de verlos participar, y un niño me dijo algo que se quedó grabado en mi.

Era uno de los niños traviesos, que nunca dejan de hablar, pensé que iba a hacer un comentario de una vez que defendió lo correcto como los demás niños, pero levantó su mano y dijo que él una vez hizo una travesura, y no tuvo la convicción necesaria para detener a sus amigos, a pesar de que él en su corazón sabía que estaba mal, yo me quedé sin palabras porque no estaba segura de cómo reaccionar, y el niño le dijo a los demás del grupo que por esa broma habían roto muchas cosas, y tenían que pagar por todo eso que rompieron, pero que se arrepintieron de corazón y pidieron perdón, y no solamente los perdonaron, no tuvieron que pagar, excepto uno de los niños que se negó a pedir perdón y tuvo que pagar.

Me sorprendió la historia porque es cierto, debemos defender aquello en lo que creemos, eso es el «ideal», pero qué pasa cuando no nos atrevemos a decir ALTO, y dejamos que sucedan cosas que sabemos que no deben suceder? Creo que todos hemos estado en esa situación, hemos copiado exámenes, hemos mentido, hemos engañado a nuestros papás, a nuestra pareja, hemos tomado o fumado sabiendo que no debemos hacerlo, hemos tenido relaciones fuera del matrimonio, la lista sigue, pero qué hacer cuando no hicimos la pausa y paramos eso que estaba incorrecto?

Pedimos perdón. Sí, así de simple, así como a estos niños los perdonaron, nuestro Dios puede perdonarnos, pero para eso primero debemos humillarnos, reconocer nuestro error y pedir perdón. Sabemos que Dios jamás niega su perdón, a quienes lo piden de corazón. Algunas veces vamos a tener que cargar con las consecuencias, pues es necesario para aprender, pero eso no significa que Dios no nos perdonara, Él nos ama.

Aprovecha ese perdón hoy, y dile a Dios sobre ese error que cometiste (una parte de pedir disculpas conlleva comprometernos a no volverlo a hacer) Dios es bueno y te va a perdonar, confiesa tu error sin miedo y pide perdón.

Una preciosa Luna

No cabe duda que Dios hace cosas preciosas y perfectas para nosotros todos los días, ayer en la noche me enamoré de la luna, era perfecta!

Que bendición es poder ver las cosas que Dios hace con amor para nosotros 🙂

Les dejo la foto que tomé de la luna

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Esta preciosa luna me recordó lo que le dijo una vez David a Dios en uno de sus tantos salmos, me lo imagino sentado igual que yo viendo al cielo, y diciendo esto:

Cuando miro el cielo de noche y veo la obra de tus dedos

—la luna y las estrellas que pusiste en su lugar—, me pregunto: ¿qué son los simples mortales para que pienses en ellos,

los seres humanos para que de ellos te ocupes? Sin embargo, los hiciste un poco menor que Dios
y los coronaste de gloria y honor. Los pusiste a cargo de todo lo que creaste,

y sometiste todas las cosas bajo su autoridad: los rebaños y las manadas

y todos los animales salvajes, las aves del cielo, los peces del mar,

y todo lo que nada por las corrientes oceánicas. Oh SEÑOR, Señor nuestro, ¡tu majestuoso nombre llena la tierra! (Salmos 8:3-9 NTV)

Dios es bueno, y por eso nos permite disfrutar cosas tan bellas.

La historia de Miguel

Quizás hayas escuchado esta historia sobre un hombre llamado Miguel.

Miguel es una persona que realmente te encantaría, siempre está de buen humor y siempre tiene algo positivo para decir. Cuando alguien le pregunta como está, él siempre responde

– Mejor, ¡Imposible!

Si un empleado tenía un mal día, Miguel estaba allí para decirle cómo ver el lado positivo de las cosas. Un día un amigo le dijo:

– No lo entiendo. No puedes ser tan positivo todo el tiempo.

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Miguel le contestó:

– Cada mañana me digo a mí mismo: «Miguel, tienes dos opciones hoy. Puedes elegir estar de buen humor o de mal humor. Elijo estar de bueno humor». Cada vez que pasa algo malo me digo: «Puedo elegir convertirme en una víctima en esta situación y desplomarme, o puedo aprender de ello y mejorar. Escojo aprender de ello y mejorar». Cada vez que alguien viene con quejas, me digo a mí mismo: «Puedo elegir aceptar sus quejas y desanimarme, o puedo elegir ser positivo y crecer. Elijo ser positivo y crecer».

– Esta bien, tienes razón, pero no siempre es así de fácil – le contestó su amigo.

Miguel respondió:

– La vida se trata de elecciones. Cuando sacas todos los desechos, cada situación será una elección. Tú eliges cómo reaccionar a ciertas situacioens. Tú eliges ser agradecido o estar preocupado. Tú eliges obtener la percepción de Dios o estar cegado por la ira. Tú puedes elegir la vida que deseas vivir.

Con el correr de los meses, el amigo de Miguel reflexionó en lo que había dicho. No lo vio más, pero con frecuencia pensaba en él. Varios años después supo que Miguel había tenido un accidente. Había caído desde dieciocho metros de altura, de una torre de comunicación. Después de una cirugía de dieciocho horas y meses de cuidados intensivos, Miguel salió del hospital con discos artificiales en su columna.

El amigo vio a Miguel varios años después del accidente y le preguntó:

– ¿Cómo estás?

– Mejor, ¡Imposible! ¿Quieres ver las cicatrices? – contestó Miguel.

No quiso, pero le preguntó:

– Miguel, ¿Qué pasó por tu mente cuando ocurrió el accidente?

– Cuando estaba tendido en el piso, recuerdo que tenía dos alternativas. Podía escoger vivir o podía escoger morir. Elegí vivir – le dijo.

– ¿No tuviste miedo?

– Sí, pero los paramédicos fueron maravillosos. Me decían que iba a estar bien. Pero cuando me entraron en la camilla a la sala de emergencias vi la expresión en el rostro de los médicos. Entonces me asusté. Sus ojos decían: «Este es hombre muerto». Cuando vi eso, supe que necesitaba entrar en acción.

– Entonces, ¿qué hiciste?

– Bueno, sabes que las enfermeras te lanzan preguntas aun mientras sientes dolor.

– Sí, lo sé.

– Bien, la enfermera me preguntó si era alérgico a algo. Yo le contesté que sí. Los médicos y enfermeras dejaron abruptamente de atenderme. Me dijeron: «¿En serio? ¿A qué es alérgico?». Yo les contesté «A la gravedad». Al oír sus risas, les dije: «Escuchen, escojo vivir. Por lo tanto opérenme como si operaran a un hombre que está vivo, no a un hombre que está muerto».

Miguel vivió,  no solo gracias a la habilidad de sus médicos sino porque escogió vivir.

Escoge vivir. Hay que tener la intención de vivir bien. Vivir bien debe convertirse en algo buscado. No dejes de soñar con aquello en lo que puede convertirse tu vida. Puede que nunca te conviertas en todo lo que sueñas, pero nunca lograrás aquello que no sueñes.