Quizás hayas escuchado esta historia sobre un hombre llamado Miguel.
Miguel es una persona que realmente te encantaría, siempre está de buen humor y siempre tiene algo positivo para decir. Cuando alguien le pregunta como está, él siempre responde
– Mejor, ¡Imposible!
Si un empleado tenía un mal día, Miguel estaba allí para decirle cómo ver el lado positivo de las cosas. Un día un amigo le dijo:
– No lo entiendo. No puedes ser tan positivo todo el tiempo.

Miguel le contestó:
– Cada mañana me digo a mí mismo: «Miguel, tienes dos opciones hoy. Puedes elegir estar de buen humor o de mal humor. Elijo estar de bueno humor». Cada vez que pasa algo malo me digo: «Puedo elegir convertirme en una víctima en esta situación y desplomarme, o puedo aprender de ello y mejorar. Escojo aprender de ello y mejorar». Cada vez que alguien viene con quejas, me digo a mí mismo: «Puedo elegir aceptar sus quejas y desanimarme, o puedo elegir ser positivo y crecer. Elijo ser positivo y crecer».
– Esta bien, tienes razón, pero no siempre es así de fácil – le contestó su amigo.
Miguel respondió:
– La vida se trata de elecciones. Cuando sacas todos los desechos, cada situación será una elección. Tú eliges cómo reaccionar a ciertas situacioens. Tú eliges ser agradecido o estar preocupado. Tú eliges obtener la percepción de Dios o estar cegado por la ira. Tú puedes elegir la vida que deseas vivir.
Con el correr de los meses, el amigo de Miguel reflexionó en lo que había dicho. No lo vio más, pero con frecuencia pensaba en él. Varios años después supo que Miguel había tenido un accidente. Había caído desde dieciocho metros de altura, de una torre de comunicación. Después de una cirugía de dieciocho horas y meses de cuidados intensivos, Miguel salió del hospital con discos artificiales en su columna.

El amigo vio a Miguel varios años después del accidente y le preguntó:
– ¿Cómo estás?
– Mejor, ¡Imposible! ¿Quieres ver las cicatrices? – contestó Miguel.
No quiso, pero le preguntó:
– Miguel, ¿Qué pasó por tu mente cuando ocurrió el accidente?
– Cuando estaba tendido en el piso, recuerdo que tenía dos alternativas. Podía escoger vivir o podía escoger morir. Elegí vivir – le dijo.
– ¿No tuviste miedo?
– Sí, pero los paramédicos fueron maravillosos. Me decían que iba a estar bien. Pero cuando me entraron en la camilla a la sala de emergencias vi la expresión en el rostro de los médicos. Entonces me asusté. Sus ojos decían: «Este es hombre muerto». Cuando vi eso, supe que necesitaba entrar en acción.
– Entonces, ¿qué hiciste?
– Bueno, sabes que las enfermeras te lanzan preguntas aun mientras sientes dolor.
– Sí, lo sé.

– Bien, la enfermera me preguntó si era alérgico a algo. Yo le contesté que sí. Los médicos y enfermeras dejaron abruptamente de atenderme. Me dijeron: «¿En serio? ¿A qué es alérgico?». Yo les contesté «A la gravedad». Al oír sus risas, les dije: «Escuchen, escojo vivir. Por lo tanto opérenme como si operaran a un hombre que está vivo, no a un hombre que está muerto».
Miguel vivió, no solo gracias a la habilidad de sus médicos sino porque escogió vivir.
Escoge vivir. Hay que tener la intención de vivir bien. Vivir bien debe convertirse en algo buscado. No dejes de soñar con aquello en lo que puede convertirse tu vida. Puede que nunca te conviertas en todo lo que sueñas, pero nunca lograrás aquello que no sueñes.