El Rey David es uno de mis personajes favoritos de la Biblia.
Yo comencé una relación con Dios porque a través de una palabra profética sentí su amor por mi. Un día me recuerdo que me daba vueltas en la mente «El Rey David» entonces agarré una Biblia que tenía y comencé a buscar un libro que se llamara David (creo que es obvio que no la leía) y busqué en Google «Rey David» y encontré 1 Samuel.
¡Quedé fascinada! Hasta la fecha, amo las historias de los reyes. Tal vez es porque parece novela, hay estrategias políticas y hombres que parecen tan reales… Uno de ellos es David.
La Biblia no oculta que David cometió errores, tampoco tuvo una historia fácil, por algún tiempo tuvo que vivir huyendo de Saúl porque tenía tantos celos de él que lo quería matar.
Esta parte de la historia de David me reta muchísimo, porque nos enseña que aunque podamos ser tratados injustamente, la justicia debemos dejarla en manos del Señor. Me impresiona que David se refería a Saúl como «el ungido del Señor» y no sólo respetaba a Saúl, también exigía que la gente hablara de él con respeto. No tengo presente ninguna historia en la Biblia en la que David se expresara mal de Saúl.
El haber sido ungido por Dios para ser el próximo Rey de Israel nunca causó orgullo en su corazón, al contrario, siempre se sujetó a la autoridad de Saúl, aún cuando Saúl no fue bueno con él.
David vio de cerca muchas cosas del carácter de Saúl, aprendió de primera mano al ver sus victorias al obedecer al Señor, pero también sus derrotas al ir por su cuenta.
Dios usa a los «Saúles» de nuestras vidas para sacar al «Saúl» de nuestra vida.
Joyce Meyer
Una de las historias que todos conocemos de David es cuando derrotó al gigante Goliat, pero lo que llama mi atención es que los hombres que estuvieron cerca de él ¡También mataron gigantes! 2 Samuel 21 nos cuenta de que Abisai también mató un gigante, 1 Crónicas 20 relata otra historia en la que Jonatán hijo de Simea mató otro gigante, y en el versículo 8 nos habla de «los gigantes de Gat, que perdieron la vida a manos de David y de sus siervos.»
«Si quieres ser un matagigantes, rodéate de matagigantes.»
Bill Johnson
La valentía puede contagiarse (igual que el temor), así que si queremos matar gigantes, necesitamos rodearnos de estos líderes y amigos valientes, que escuchan la voz de Dios y van a las batallas sabiendo que Dios va con ellos.
Pero no todas las historias de David son tan buenas, la Biblia no oculta que David desobedeció al Señor al hacer un censo en Israel (2 Samuel 24, 1 Crónicas 21), tuvo relaciones sexuales con Betsabé, la esposa de Urías (2 Samuel 11:4), y para cubrir su pecado mando a matar a Urías (2 Samuel 11:15). También falló en instruir y corregir a sus hijos, hubieron muchos problemas entre Amnón, Tamar y Absalón, y más adelante su hijo Absalón trató de rebelarse y quitarle el trono.
Pero sabes, todas estas faltas y debilidades de David me dan esperanza, porque yo también he cometido errores, y en su vida veo que ser sensibles a la voz del Señor es súper importante. David se arrepentía de todo corazón y le pedía perdón a Dios, pero hay algo que necesito resaltar: no volvía a cometer el mismo pecado nuevamente.
Dios nunca retuvo su perdón, pero tampoco evitó que David sufriera las consecuencias de sus acciones. Muchas veces quisiéramos vivir lo contrario, nos importa más que Dios no permita que vivamos las consecuencias de nuestras acciones, a recibir el perdón.
Padre te pedimos que nos ayudes a ser sensibles y receptivos a tu voz, a arrepentirnos de todo corazón por aquellas cosas que hemos hecho que sabemos que no te agradan, ayúdanos a apartarnos del pecado. Danos la valentía para matar a los gigantes en nuestra vida, pero también para reconocer nuestro pecado delante de ti. Ayúdanos a ver lo mucho que dependemos de tu gracia y tu misericordia en nuestra vida, quita todo orgullo de nuestro corazón.
Te pedimos que nos ayudes a sujetarnos a nuestras autoridades terrenales, a orar por ellos, a bendecirlos y a honrarlos. Gracias por tu amor, por tu bondad y por siempre tener misericordia de nosotros.
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