Hoy estaba sintiéndome muy mal, pensando que estoy tratando de hacer más de lo que debería, o más de lo que puedo hacer, más adelante Dios me confrontó con esta pregunta, ¿Por qué lo hago?
A lo largo de nuestra vida hemos aprendido muchas cosas, parte de lo que hacemos hoy en día se debe a lo que vemos que hacen nuestros papás, por ejemplo a veces decimos que no nos gusta comer algo que a nuestros papás no les gusta, aunque no podemos decir por qué no nos gusta, ya que nunca lo hemos probado. Hablando de la religión específicamente, algunas veces nos enseñan a orar antes de dormir, pero no sabemos por qué lo hacemos, sólo es parte de una «rutina» para cerrar el día.
No digo que orar antes de dormir sea malo, lo que digo es que cuando nuestra motivación para hacerlo es porque es parte de nuestra rutina y no tiene fundamentos, suele volverse algo tedioso.
Entonces, volviendo a la pregunta ¿Por qué estamos haciendo lo que hacemos? ¿Cuál es nuestra motivación? Pablo escribió lo siguiente:
En conclusión, ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios. (1 Corintios 10:31)
Cuando lo que hacemos (aún si es para Dios) no tiene como base el amor, entonces no es sostenible, porque es cansado, porque nunca vamos a hacer felices a los demás ni vamos a recibir siempre el reconocimiento que creemos que merecemos y por ese simple hecho vamos a vivir frustrados. Lo que hacemos no es para ganarnos el amor de Dios, tampoco debe ser para ganarnos el cariño o reconocimiento de las personas, todo lo que hagamos tiene que ser para darle la gloria a Dios, porque Él nos ama, y nos amó desde que fuimos concebidos.
Cuando vivimos para dar gloria a Dios a través de todo lo que hacemos, nuestra percepción del mundo cambia. No importa si lo que hacemos es para servir a Dios dentro o fuera de la iglesia, para ayudar a otros dentro o fuera de la iglesia, o para nosotros mismos, si lo hacemos para Dios, por amor a Él, y como resultado del amor que Él nos dio a nosotros primero, entonces aunque nos cansemos, sabemos que el trabajo no es en vano, y vamos a encontrar fuerzas en Dios y en su amor para seguir adelante.
Permanezcan fuertes y constantes. Trabajen siempre para el Señor con entusiasmo, porque ustedes saben que nada de lo que hacen para el Señor es inútil. (1 Corintios 15:58)
Hacer para el Señor no es sinónimo de servir en la iglesia, es todo lo que hacemos en nuestra vida diaria con la consciencia de que es para Él.


