Gracia para los imperfectos

Contexto:

  • El libro de Oseas fue escrito por el profeta Oseas, quien ministró al reino del norte de Israel durante el siglo VIII a.C. Su nombre significa «salvación,» lo cual es apropiado, ya que su mensaje principal es un llamado al arrepentimiento y a experimentar la salvación y el amor redentor de Dios.
  • Oseas profetizó durante un período de gran decadencia moral y espiritual en Israel, aproximadamente entre los años 755 a.C. y 715 a.C., durante los reinados de Jeroboam II y sus sucesores. Este período estuvo marcado por:
    • Prosperidad económica que llevó a la complacencia espiritual.
    • Idolatría desenfrenada, con adoración a dioses como Baal.
    • Injusticia social, con opresión de los pobres y corrupción en el liderazgo.
    • Infidelidad espiritual, ya que el pueblo había abandonado a Dios y hecho alianzas con naciones paganas.
  • El propósito principal de Oseas es revelar el amor inquebrantable de Dios hacia Su pueblo, incluso cuando este es infiel. A través de la vida y el matrimonio del profeta, Dios utiliza una metáfora vívida para ilustrar Su relación con Israel.

En un mundo lleno de distracciones e idolatrías modernas, Oseas nos desafía a examinar nuestro corazón y asegurarnos de que Dios sea nuestro único enfoque.

1. Recibe la gracia de Dios sin condiciones

El libro de Oseas comienza con una historia sorprendente. Dios le dice a Oseas que se case con Gomer, una mujer que sería infiel. Este matrimonio ilustra la relación de Dios con Israel, un pueblo que constantemente lo traicionaba. A pesar de esto, Dios nunca dejó de amar a Su pueblo. En Oseas 3:1, dice: ‘Ve otra vez, ama a una mujer amada de su compañero y adultera, como el amor del Señor para con los hijos de Israel.’ Esto nos muestra que la gracia de Dios no depende de nuestra perfección, sino de Su carácter.

A veces nos cuesta aceptar que Dios nos ama incluso con nuestras fallas. Pero Su gracia es inmerecida; no podemos ganarla. Solo debemos recibirla con humildad.

Reflexiona sobre una área de tu vida donde te cuesta aceptar la gracia de Dios. Haz una oración diciendo: «Señor, sé que no soy perfecto, pero gracias por amarme y perdonarme. Ayúdame a vivir confiando en Tu gracia.«

Una vez que entendemos y aceptamos la gracia de Dios, el siguiente paso es reflejar esa gracia hacia quienes nos rodean.

2. Extiende gracia a quienes te han fallado

Extender gracia puede ser uno de los mayores retos en nuestras relaciones. En el libro de Oseas, vemos cómo Oseas busca y redime a Gomer, incluso después de que ella lo abandona. En Oseas 3:2, él la compra de vuelta, mostrando un amor que restaura. ¿Te imaginas lo difícil que fue para Oseas? Pero esta historia nos recuerda que la gracia no depende de lo que otros merecen, sino de lo que Dios nos llama a dar.

En nuestras vidas, extender gracia no significa ignorar el dolor, sino elegir el perdón y buscar la restauración cuando es posible. Hago este énfasis de cuando es posible, porque soy consciente y quiero que tu también lo seas que hay relaciones que deben terminar, y extender gracia se ve más como perdonar y dejar ir a la persona. 

Este es mi caso con mi papá, fue una relación muy difícil. Lo perdoné y lo dejé ir, pero no es una relación que pudiera ser restaurada.

Piensa en alguien que te haya lastimado o decepcionado. ¿Qué pasos podrías tomar para mostrarles gracia? Tal vez sea una llamada, un mensaje o simplemente orar por ellos. 

Cuando vivimos con gracia hacia otros, también encontramos que esta transforma nuestras relaciones y nos da paz.

3. Vive una vida que refleje la gracia de Dios

La gracia no es solo un momento; es un estilo de vida. Dios nos llama a vivir como reflejo de Su amor, actuando con compasión, paciencia y bondad en todas nuestras interacciones. En Oseas 6:6, Dios dice: «Porque misericordia quiero, y no sacrificios; y conocimiento de Dios más que holocaustos.» Esto nos muestra que la gracia no se trata solo de palabras, sino de cómo vivimos.

Cuando tratamos a otros con gracia en nuestro día a día, no solo transformamos nuestras relaciones, sino que también mostramos quién es Dios a través de nuestras acciones.

Para mi alguien que reflejó la Gracia de Dios es un momento sumamente difícil fue Esteban, en Hechos, cuando están a punto de apedrearlo la Biblia lo describe así:

Mientras lo apedreaban, Esteban oraba.
—Señor Jesús —decía—, recibe mi espíritu.
Luego cayó de rodillas y gritó:
—¡Señor, no les tomes en cuenta este pecado!
Cuando hubo dicho esto, murió.

Hechos 7:59-60 NVI

El testimonio que fue su vida, como reflejó la gracia de Dios a quienes presenciaron este momento, e incluso para nosotros hoy en día cuando leemos la historia de Esteban en hechos.

Te invito a buscar formas prácticas de reflejar la gracia de Dios esta semana: perdona rápidamente, escucha con paciencia y responde con amabilidad, incluso cuando sea difícil.

Cuando vivimos reflejando la gracia de Dios, no solo impactamos nuestras vidas, sino también las de quienes nos rodean.


El libro de Oseas nos recuerda que la gracia no se trata de lo que merecemos, sino de lo que Dios nos da por amor. Hoy hemos visto tres cosas: primero, debemos recibir la gracia de Dios sin condiciones; segundo, estamos llamados a extender esa gracia a quienes nos fallan; y tercero, podemos vivir una vida que refleje Su gracia todos los días.

Quiero invitarte a que esta semana te tomes un momento para reflexionar: ¿En qué áreas necesitas aceptar la gracia de Dios? ¿Y a quién podrías mostrarle esa misma gracia? Recuerda que la gracia no solo transforma a quienes la reciben, sino también a quienes la dan.»

Decisiones pequeñas, con un impacto eterno

Contexto: 

  • El libro de Daniel fue escrito por el profeta Daniel, un joven noble judío que fue llevado al exilio en Babilonia alrededor del año 605 a.C. durante la primera deportación del pueblo de Judá por el rey Nabucodonosor. 
  • Daniel sirvió como consejero en la corte de varios reyes babilonios y persas, y sus escritos reflejan su vida en el exilio, su fidelidad a Dios y las visiones proféticas que recibió.
  • Este período abarca desde el inicio del cautiverio de Daniel bajo Nabucodonosor hasta el reinado de Ciro, el rey persa que permitió que los judíos regresaran a Jerusalén. 
  • Daniel vivió y sirvió en la corte durante un tiempo de cambio político, cuando el Imperio Babilónico fue conquistado por los persas.
  • Propósito: 
    • Animar a los exiliados judíos a permanecer fieles a Dios
    • Revelar el plan soberano de Dios sobre la historia humana
  • El libro de Daniel nos asegura que, aunque los reinos humanos se levanten y caigan, el reino de Dios es eterno e inquebrantable. También nos llama a ser fieles en nuestra relación con Dios, confiando en que Él tiene el control de nuestra vida y de la historia, incluso en los momentos más difíciles.

Así que comencemos con los aprendizajes del libro de Daniel:

1. Vive con integridad en tus decisiones pequeñas

La integridad de Daniel comenzó con decisiones aparentemente pequeñas, como lo vemos en Daniel 1:8: ‘Pero Daniel se propuso no contaminarse con la comida y el vino del rey.’ Para muchos, aceptar la comida del rey habría parecido algo insignificante o hasta beneficioso. Pero Daniel decidió honrar a Dios incluso en este detalle, porque entendía que cada decisión, grande o pequeña, refleja a quién servimos realmente.

💭 Reflexiona en tu día a día. ¿Hay decisiones pequeñas en las que podrías honrar a Dios de manera más intencional? Tal vez sea ser honesto en una conversación, evitar participar en chismes o manejar tus recursos con integridad. Estas pequeñas decisiones construyen un carácter sólido.

La integridad en las decisiones pequeñas prepara nuestro corazón para ser fiel en las pruebas más grandes.

2. Sé constante en tu vida espiritual

La integridad de Daniel no era casual; estaba profundamente arraigada en su relación con Dios. En Daniel 6:10, vemos que a pesar del decreto que prohibía orar, ‘Daniel se arrodillaba tres veces al día, oraba y daba gracias delante de su Dios, como solía hacerlo antes.’ Daniel priorizaba su comunión con Dios, incluso cuando hacerlo le costaba la vida.

La integridad espiritual no significa ser perfecto, es ser constante. Significa elegir a Dios una y otra vez, incluso cuando no es fácil.

Establece un tiempo diario para estar con Dios, aunque sea breve. Puedes empezar con 5 minutos de oración o lectura bíblica, pero hazlo constante. La fidelidad en lo espiritual fortalece tu carácter y tu integridad en todo lo demás.

La constancia en nuestra relación con Dios nos da la fuerza para mantener nuestra integridad en cada área de nuestra vida.

3. Sé íntegro en tu trabajo y tus responsabilidades

Daniel no solo era íntegro en su vida espiritual, sino también en su trabajo. En Daniel 6:4, se dice que sus enemigos no podían encontrar ninguna falta en él, ‘porque era fiel, y ningún error ni culpa se hallaba en él.’ Daniel trabajaba con excelencia y fidelidad, y eso lo hizo destacar entre sus compañeros.

Haz una evaluación honesta de tu actitud en el trabajo o en tus responsabilidades. ¿Estás dando lo mejor de ti? ¿Eres confiable y fiel en lo que haces? Recuerda que, como dice Colosenses 3:23, «Todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.«

Cuando vivimos con integridad en nuestras responsabilidades, reflejamos a Dios no solo con palabras, sino también con acciones.

4. Sé un testimonio vivo de la integridad de Dios

La vida de Daniel impactó no solo a sus amigos, sino también a reyes y naciones. Por su integridad, Nabucodonosor, un rey pagano, reconoció la grandeza de Dios. En Daniel 4:37, el rey declara: ‘Ahora yo, Nabucodonosor, alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos.’«

Cuando vivimos con integridad, nuestra vida se convierte en un testimonio del carácter de Dios. Nuestras acciones hablan más fuerte que nuestras palabras.

¿Cómo puedes ser un reflejo de Dios para quienes te rodean? Tal vez sea siendo justo, cumpliendo tus promesas o mostrando compasión. Recuerda que tu testimonio puede impactar vidas, incluso cuando no lo notas.

La integridad nos da la oportunidad de ser una luz para otros, llevando a Dios a lugares donde Su nombre aún no es conocido.


Hoy hemos visto que la integridad no es algo que se reserve para los grandes momentos, sino que se construye en lo cotidiano: en nuestras decisiones pequeñas, en nuestra relación con Dios, en nuestro trabajo y en cómo impactamos a otros. Daniel nos recuerda que vivir con integridad es posible, incluso en un mundo que constantemente nos presiona a comprometernos.

Te animo a reflexionar: ¿En qué área de tu vida puedes honrar más a Dios con tu integridad? Recuerda que cada acto de fidelidad es una oportunidad para reflejar a Jesús. Y como siempre, Dios está dispuesto a fortalecerte y guiarte en este camino.

Corazón transformado

Cómo transformar un corazón de piedra

Si alguna vez te has sentido atrapado en actitudes que no puedes cambiar, o como si tu corazón estuviera endurecido por el dolor, el cansancio o incluso la rutina, este episodio es para ti. En el libro de Ezequiel, Dios promete algo increíble: ‘Les daré un corazón nuevo, y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes; quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne.’ (Ezequiel 36:26). Hoy vamos a descubrir cómo Dios puede transformar nuestro interior y darnos un corazón lleno de vida, sensibilidad y propósito.

Contexto: 

  • El libro de Ezequiel fue escrito por el profeta Ezequiel, quien sirvió como profeta de Dios durante el exilio babilónico del pueblo de Israel.
  • Ezequiel pertenecía a una familia sacerdotal. Fue llevado cautivo a Babilonia junto con otros israelitas durante el primer exilio en el año
  • El ministerio de Ezequiel comenzó aproximadamente cinco años después de haber llegado a Babilonia, y continuó durante más de 20 años. Durante este tiempo, predicó tanto juicio como restauración.
  • A través de visiones, Ezequiel describe la gloria de Dios y Su presencia. Aunque el templo fue destruido, Ezequiel muestra que la presencia de Dios no está limitada a un lugar físico.
  • Ezequiel profetiza sobre un nuevo templo y un reino eterno. Ezequiel es descrito como un «atalaya» encargado de advertir al pueblo y guiarlo hacia la obediencia.

Veamos 3 pasos para que Dios pueda transformar nuestro interior, y cambiar ese corazón de piedra por un corazón de carne nuevamente, un corazón sensible:

1. Rinde tu corazón a Dios para permitir Su transformación

El primer paso para experimentar la transformación que Dios ofrece es rendirle nuestro corazón. Muchas veces nos aferramos a nuestro dolor, nuestras heridas o incluso nuestra manera de pensar, pero Dios no puede transformar lo que no le entregamos.

«Les daré un corazón nuevo.» Ezequiel 36:26

Nota que la acción es de Dios, no nuestra. Él es quien quita el corazón de piedra, pero necesitamos darle acceso.

Un ejemplo muy claro de esto lo encontramos en la vida del rey David, después de su pecado con Betsabé, David reconoce su error y ruega a Dios: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmo 51:10). 

Reflexiona sobre qué áreas de tu vida no has entregado a Dios. Tal vez sea el control de una situación, una herida pasada o incluso un hábito que sabes que necesitas cambiar. Esta semana, haz una oración sencilla: ‘Señor, te entrego mi corazón. Cámbialo y moldéalo conforme a Tu voluntad.’

Proverbios 4:23 nos recuerda: ‘Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida.’ Rendir nuestro corazón a Dios es la mejor manera de protegerlo y asegurarnos de que Él lo transforme.

Cuando rendimos nuestro corazón a Dios, abrimos la puerta para que Él comience Su obra en nosotros. Pero, ¿qué sigue después de esa entrega?

2. Permite que Dios remueva las barreras de tu corazón

Dios promete quitar el ‘corazón de piedra’ y darnos uno de carne. Pero, ¿qué significa esto? Un corazón de piedra es insensible, frío, cerrado al cambio o a la dirección de Dios. Es un corazón que ha sido endurecido por las heridas, el pecado o incluso la indiferencia. Dios no quiere que vivamos con corazones endurecidos. Él quiere remover esas barreras para que podamos vivir con sensibilidad hacia Su voz.

«Si oyen hoy Su voz, no endurezcan su corazón.«
Hebreos 3:15

Este versículo es una invitación a abrirnos a Dios y dejar que Él remueva aquello que nos impide sentir Su amor y Su guía.

El apóstol Pablo originalmente era conocido como Saulo, y en la Biblia podemos ver como tenía un corazón endurecido hacia Jesús. En el camino a Damasco, Jesús se encuentra con él lo confronta, y a través de ese encuentro, las barreras que lo separaban de Dios fueron removidas. Esto permitió que Saulo se convirtiera en un instrumento poderoso para el evangelio.

Tómate un tiempo esta semana para identificar las áreas donde tu corazón puede haberse endurecido. ¿Es por dolor, decepción o incluso orgullo? Habla con Dios sobre eso y pídele que remueva esas barreras, recordando que Su Espíritu Santo es quien obra en nosotros.

Cuando permitimos que Dios remueva lo que endurece nuestro corazón, nos preparamos para recibir lo nuevo que Él quiere depositar en nosotros.

3. Camina en la sensibilidad que Dios te da

Cuando Dios nos da un corazón de carne, nos da un corazón sensible a Su voz, a Su amor y a las necesidades de los demás.

«Pondré Mi Espíritu dentro de ustedes, y haré que anden en Mis estatutos.» Ezequiel 36:27

Este es el propósito final de la transformación: que vivamos una vida guiada por Su Espíritu y llena de propósito.

Un corazón de carne no es débil; es fuerte en sensibilidad. Es un corazón que siente el dolor de otros, que responde al llamado de Dios y que refleja Su amor en el mundo.

«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas.«
2 Corintios 5:17

Dios no solo transforma nuestro corazón; transforma nuestra vida completa.

Para terminar el tema con otro ejemplo en la Biblia, recuérdate de María Magdalena después de su encuentro con Jesús, ella fue liberada de siete demonios por Jesús, y su vida fue completamente transformada. Desde ese momento, vivió con un corazón sensible y devoto hacia Dios, siendo una de las primeras en ver al Cristo resucitado y proclamar Su resurrección.

Esta semana, busca formas prácticas de vivir con un corazón sensible. Puede ser mostrando empatía a alguien que está sufriendo, escuchando con paciencia o respondiendo a una necesidad que sientes que Dios está poniendo en tu camino.

Dios no solo transforma nuestro corazón para que sea más sensible, sino para que ese cambio se traduzca en acciones que reflejen Su amor.


Hoy hemos visto que Dios nos ofrece una transformación increíble: convertir nuestros corazones de piedra en corazones de carne. Pero este proceso requiere tres cosas: primero, rendir nuestro corazón a Él; segundo, permitirle remover lo que endurece nuestro interior; y tercero, caminar con un corazón sensible a Su voz y a las necesidades de los demás.

Quiero invitarte a que esta semana tomes un tiempo para reflexionar en este versículo de Ezequiel y le permitas a Dios comenzar Su obra en ti. Recuerda: Su misericordia es nueva cada mañana, y Él siempre está listo para transformar nuestra vida desde el interior.

Estoy bien con Mi Dios

¿Alguna vez te has sentido tan triste o tan quebrantado que no sabes qué hacer con esos sentimientos? Lamentaciones nos muestra que podemos llevar esas emociones a Dios y encontrar en Él tanto un lugar seguro para nuestro dolor, como una fuente de consuelo y esperanza.

Contexto de Lamentaciones:

  • El libro de Lamentaciones se atribuye tradicionalmente al profeta Jeremías, aunque el autor no se menciona explícitamente en el texto. Este libro refleja el profundo dolor que sintió el autor al ver la destrucción de su ciudad y el sufrimiento de su pueblo. 
  • Lamentaciones fue escrito alrededor tras la caída de Jerusalén a manos de Babilonia, después de un período de constante rebeldía del pueblo de Judá contra Dios. Durante años, Dios había enviado profetas, incluido Jeremías, para advertirles sobre las consecuencias de su idolatría, injusticia y desobediencia. A pesar de estas advertencias, el pueblo continuó en sus caminos y finalmente, como resultado, Judá fue conquistado por Babilonia. El templo fue destruido, las murallas de la ciudad fueron derribadas, y muchos fueron llevados al exilio. Lamentaciones refleja este momento de dolor, confusión y desesperanza.
  • Este libro nos muestra que Dios no está distante cuando sufrimos, sino que está cerca, dispuesto a recibirnos, a escucharnos y a restaurarnos. Al leer Lamentaciones, podemos encontrar una forma de llevar nuestros dolores a Dios, aprender a depender de su fidelidad y encontrar consuelo en Su amor constante.

Así que comencemos con los aprendizajes del libro:

1. El lamento como una expresión válida de fe

Lamentaciones es un libro que se caracteriza por expresar el dolor y el sufrimiento del pueblo de Israel. Y lo más sorprendente es que no vemos a su autor guardando silencio o tratando de ocultar su dolor; al contrario, lo lleva a Dios. 

"Levántate, clama en la noche… Derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor."
Lamentaciones 2:19

Este versículo nos recuerda que está bien llorar y expresar nuestro dolor delante de Dios, porque Él no se ofende ni nos rechaza por nuestros lamentos.

A veces creemos que nuestra fe solo debe ser fuerte, positiva y optimista, y que no podemos mostrar nuestras debilidades. Pero Lamentaciones nos enseña que, incluso en los momentos más oscuros, llevar nuestras quejas, nuestra tristeza y nuestro dolor a Dios es una expresión de fe. Es confiar en que Él está ahí para escucharnos. 

Erróneamente creemos que tener fe es confiar por completo que todo está bien, quiero invitarte a considerar que tener fe también es llevar nuestro dolor a Dios.

El lamento nos abre una puerta importante, porque a través de él, Dios puede guiarnos a un nuevo paso: reconocer nuestra propia necesidad de Su corrección y Su guía.

2. La disciplina de Dios y el camino hacia el arrepentimiento

En el libro de Lamentaciones, el dolor que experimenta el pueblo no es solo por sus circunstancias externas, sino también por las consecuencias de haberse alejado de Dios.

"¿Por qué murmura el hombre en su pecado? Examinemos nuestros caminos y volvámonos al Señor."
Lamentaciones 3:39-40

Cuando experimentamos momentos de dificultad, a veces Dios nos muestra áreas de nuestra vida que necesitan ser corregidas. Quiero aclarar que no estoy diciendo que todo sufrimiento sea una disciplina, no creo que este sea el caso, de hecho podemos recordar el tema de Job, donde las cosas que vivió no eran una disciplina para él. Lo que sí digo es que hay ocasiones en las que Dios usa nuestras dificultades para acercarnos a Él, para atraernos a su amor y enseñarnos o cambiar la ruta por la que iba nuestra vida.

Este es el contexto del libro de Lamentaciones, en el cual el pueblo de Israel sí estaba viviendo en pecado y alejados de Dios y Lamentaciones nos enseña que la disciplina de Dios es una oportunidad para volver a Él.

El lamento y la corrección pueden ser dolorosos, pero no estamos solos en ellos. Dios no nos deja en el sufrimiento, sino que nos ofrece Su consuelo para levantarnos y restaurarnos.

3. El consuelo de Dios para aquellos que sufren

A pesar de toda la tristeza y el lamento que vemos en el libro, Lamentaciones también nos deja uno de los versículos más reconfortantes de la Biblia.

“Por la misericordia del Señor no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron Sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es Su fidelidad.”
Lamentaciones 3:22-23

Aun en medio de su dolor, el autor reconoce que la misericordia de Dios es constante. Su amor es inagotable, y Su consuelo siempre está disponible.

Dios nunca nos deja solos en nuestro sufrimiento. Él se acerca a quienes están quebrantados, y Su fidelidad es nuestro ancla. Este pasaje nos muestra que, aun cuando todo parece perdido, la misericordia de Dios renueva nuestra esperanza cada mañana.

Si tú estás pasando por un momento difícil, te invito a hacer de este versículo tu oración diaria: ‘Nuevas son cada mañana Sus misericordias’. Confía en que cada día, Dios está contigo, listo para consolarte, y que cada mañana es una nueva oportunidad para encontrar paz en Él.

No sé si alguna vez has escuchado la historia de Horatio Spafford, era un hombre de negocios en Chicago y era cristiano. Vivió algunas cosas difíciles como perder a su hijo varón en 1871, ese mismo año perdió mucho dinero por el Gran Incendio de Chicago, que destruyó gran parte de sus propiedades. 

Pero el reto más grande vino en 1873, (2 años después). La esposa de Spafford y sus cuatro hijas fueron a Inglaterra en un viaje de descanso. Durante el viaje, el barco chocó con otro y se hundió. Sus cuatro hijas murieron, y su esposa sobrevivió. Al recibir la noticia, Spafford decidió viajar para reunirse con su esposa. Durante el viaje en barco, mientras pasaba cerca del lugar donde sus hijas se habían ahogado, Spafford escribió el himno «It Is Well with My Soul«. 

Déjame compartirte unas partes pequeñas del himno en español:

Cuando la paz, como un río, inunda mi ser,
Cuando el dolor como olas del mar me golpea;
Cualquiera que sea mi destino, me enseñaste a decir:
Está bien, está bien con mi alma.

Para mí, que sea Cristo, que sea Cristo vivir de aquí en adelante
Si el Jordán se desborda sobre mí,
No habrá dolor, pues en muerte y en vida
Susurrarás Tu paz a mi alma.

Su himno expresa su confianza en la misericordia de Dios, aún en medio del dolor y la pérdida. Las palabras «It is well with my soul» reflejan su fe en que Dios estaba con él y que Su amor no había decaído. En español una de las traducciones de este himno se llama “Estoy bien con mi Dios”. Me pegó tanto que decidí ponerle ese nombre al episodio.

Cuando todo a nuestro alrededor parece desmoronarse, podemos encontrar paz en la certeza de que Dios nunca nos abandona, y Su fidelidad permanece.

La misericordia y el consuelo de Dios son inagotables, y Él está siempre dispuesto a recibirnos, sanarnos y restaurarnos.


Hoy hemos visto que Lamentaciones no solo es un libro de dolor, sino también de esperanza. A través del lamento, podemos expresar nuestra fe en Dios; en la disciplina, encontramos una oportunidad de arrepentimiento; y en nuestro sufrimiento, Dios nos ofrece Su consuelo y Su fidelidad constante. Así que la próxima vez que te encuentres en un momento de tristeza o prueba, recuerda que Dios está contigo, dispuesto a escucharte, a guiarte y a consolarte. Él siempre está dispuesto a darte un nuevo comienzo.

Cómo ver a los demás a través de los ojos de Dios

Hoy vamos a estar estudiando un poco el libro de Jeremías, y vamos a aprender cómo podemos aprender a ver a las personas al rededor de nosotros como Dios las ve, y cómo eso puede hacer una gran diferencia en nuestro trato a los demás.

Contexto de Jeremías:

  • El libro fue escrito por el profeta Jeremías, quien fue llamado por Dios para ser Su portavoz en una época de crisis en el reino de Judá. 
  • Jeremías profetizó durante más de 40 años, un período que incluyó el reinado de varios reyes y el devastador exilio de Babilonia, cuando los babilonios destruyeron Jerusalén. Jeremías vivió en Jerusalén y fue testigo de la caída y destrucción de su ciudad.
  • El mensaje de Jeremías es dual: por un lado, advirtió sobre el juicio venidero debido a la desobediencia y la idolatría, y por otro, ofreció esperanza de redención y restauración.
  • Dios prometió un nuevo pacto, en el que escribiría Su ley en los corazones de Su pueblo (Jeremías 31:31-34), una profecía que apunta al amor y al perdón de Dios y que, en el Nuevo Testamento, se cumple en Jesús.
  • El libro de Jeremías nos llama a una fe genuina y a vivir con integridad.
  • Nos enseña a ser resilientes en medio de la adversidad
  • Nos recuerda el amor y la misericordia de Dios. A pesar del juicio, Dios no abandonó a Su pueblo. Prometió un nuevo comienzo. Jeremías nos muestra que, aunque enfrentemos las consecuencias de nuestros errores, Dios siempre está dispuesto a perdonar y a darnos una nueva oportunidad.

Leer Jeremías con el propósito de conocer a Dios más profundamente puede transformar nuestra vida y ayudarnos a ser una luz en un mundo necesitado de esperanza. Es por eso que hoy vamos a aprender de Jeremías 3 elementos acerca de la compasión, que vemos a Jeremías poner en práctica a lo largo de su ministerio

1. La compasión es ver a las personas como Dios las ve

En el libro de Jeremías, el profeta constantemente llora y se lamenta por su pueblo.

«Por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo estoy quebrantado; estoy de duelo; el asombro se ha apoderado de mí. ¿No hay bálsamo en Galaad? ¿No hay allí médico? ¿Por qué, pues, no se ha restablecido la salud de la hija de mi pueblo?» 
Jeremías 8:21-22

Jeremías estaba profundamente afectado por el dolor y el alejamiento de su pueblo. Él no solo veía sus fallas, sino que los veía con compasión, con el deseo de que volvieran a Dios.

La compasión comienza cuando, en lugar de ver las fallas de los demás, le pedimos a Dios que nos ayude a verlos como Él los ve.

Creo que necesitamos comenzar a orar cada día y pedirle a Dios que abra nuestros ojos para ver a los demás con compasión. Tal vez alguien en tu familia, en el trabajo o en la calle esté pasando por algo difícil, pero sus errores te han impedido ver su necesidad. Haz una pausa, y pídele a Dios que te muestre cómo amarlos como Él los ama.

2. La compasión nos impulsa a actuar en amor

Jeremías no solo sentía tristeza por su pueblo; su compasión lo impulsaba a actuar. Aunque sabía que muchas veces no lo escucharían, Jeremías obedeció a Dios y continuó profetizando y rogando para que su pueblo volviera a Él. Su amor era tan genuino que estaba dispuesto a seguir sirviendo, aun sin garantías de que vería los resultados.

Esto me hace pensar en cómo, a veces, sentimos compasión por alguien, pero nos detenemos ahí. Decimos: ‘Pobre, qué difícil’, y seguimos con nuestras vidas. Pero la compasión verdadera nos impulsa a actuar en amor. Y quizás no siempre veremos los resultados de inmediato, pero cuando actuamos movidos por el amor de Dios, Él puede hacer cosas extraordinarias.

Tal vez alguien al rededor de ti necesita que lo escuches, o un acto de bondad. Haz que tu compasión se traduzca en una acción concreta esta semana. Puede ser un mensaje de ánimo, una visita o incluso ofrecer ayuda en algo práctico.

3. La compasión también significa orar por los demás

Algo que me impacta de Jeremías es cómo intercedía por su pueblo. Aun cuando ellos no respondían a su mensaje, Jeremías oraba y lloraba delante de Dios por ellos.

A veces, la compasión más profunda se da en nuestros momentos de oración, intercediendo por aquellos que están lejos de Dios o que están pasando por tiempos difíciles.

Jeremías nos recuerda que una de las formas más poderosas de amar a los demás es a través de la oración. Orar por alguien es decirle a Dios: «Me importan sus vidas, y quiero verlos restaurados.»

A veces nos puede parecer que “solo orar” no hace ninguna diferencia, pero no sabemos lo que sucede en el mundo espiritual con cada una de nuestras oraciones. Nuestra labor es simplemente tener fe, saber que Dios nos escucha y que Él está en control.

Dedica tiempo cada día esta semana para orar específicamente por ellos. Tal vez sea un amigo que se ha alejado de Dios, alguien en tu familia que está pasando por un momento difícil o simplemente alguien cercano a ti por quien quieres estar orando. Pídele a Dios que trabaje en sus corazones y que los acerque a Él.


«Hoy hemos visto cómo Jeremías, a pesar de todas las dificultades, reflejó el amor y la compasión de Dios por su pueblo. La compasión nos lleva a ver a los demás como Dios los ve, a actuar en amor, y a interceder por ellos en oración. Y quiero invitarte a que esta semana pongas en práctica la compasión. Que cada acto de bondad, cada oración, sea un reflejo de cómo Dios ama y busca a cada uno de nosotros. Porque así como Él mostró compasión por su pueblo, también la tiene para con nosotros.

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Esperanza en la Redención

Contexto del libro de Isaías:

  • El libro de Isaías fue escrito por el profeta Isaías, uno de los profetas mayores del Antiguo Testamento. 
  • Isaías vivió en Jerusalén y sirvió como profeta durante el reinado de varios reyes de Judá, incluyendo Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías.
  • Contiene poderosas visiones, su mensaje de juicio y esperanza, y profecías sobre el Mesías.
  • Isaías escribió en un tiempo de gran turbulencia política y espiritual. Judá estaba amenazada por poderosos imperios, como Asiria y Babilonia, y el pueblo de Dios estaba cayendo en la idolatría y alejándose de su pacto con el Señor.
  • Isaías fue llamado a advertir al pueblo sobre el juicio inminente debido a su desobediencia, pero también ofreció esperanza, hablando de la restauración futura y del prometido Mesías que traería salvación y redención.
  • Isaías nos muestra que Dios es justo y santo, pero también lleno de misericordia. Debemos reconocer que nuestras acciones tienen consecuencias, pero también podemos encontrar consuelo en el hecho de que Dios siempre está dispuesto a redimirnos y darnos nuevos comienzos.
  • Además, Isaías es uno de los libros más importantes para entender las profecías sobre Jesús como el Mesías. En él se encuentran profecías claves sobre el nacimiento, ministerio, sufrimiento y reinado de Cristo 

El profeta Isaías escribió este libro en un período de crisis y decadencia espiritual para el pueblo de Israel y Judá. Durante esta época, los israelitas se habían apartado de Dios, adorando a otros dioses y cometiendo injusticias. Te comparto algunos aprendizajes del libro de Isaías:

1. Dios no se olvida de nosotros, incluso en nuestros errores

El pueblo estaba al borde de la destrucción por su rebelión y desobediencia. Dios, a través de Isaías, les advirtió que su pecado tendría consecuencias graves: serían llevados al exilio, su tierra sería destruida, y perderían su identidad como nación. Sin embargo, a pesar de estas advertencias de juicio, Dios también prometió redención. El exilio no sería el fin de la historia de Israel.

«No temas, porque yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío.»  (Isaías 43:1)

El exilio fue una experiencia devastadora para el pueblo de Dios, pero este versículo les recuerda que Dios no los ha olvidado.

Esto es relevante para  nosotros hoy porque al igual que al pueblo, nos recuerda que sin importar cuán lejos creamos que hemos caído, Dios no se ha olvidado de nosotros. Él nos llama por nuestro nombre, nos recuerda que somos suyos, y siempre está dispuesto a darnos un nuevo comienzo.

A veces nos sentimos atrapados en nuestros errores, pensando que no hay vuelta atrás. Pero si Dios no abandonó a Israel, tampoco te abandona a ti.

Dios no solo nos da una nueva oportunidad, también nos muestra que su plan siempre ha sido restaurarnos.

2. La redención no depende de nuestro esfuerzo, sino del amor de Dios

«He desvanecido como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí.»  (Isaías 44:22)

Este versículo nos recuerda que la redención no es algo que podamos ganar o merecer, sino es un regalo de Dios. A veces pensamos que tenemos que hacer muchas cosas para que Dios nos acepte de nuevo, pero Isaías nos enseña que es por su amor y gracia, no por nuestros esfuerzos, que somos redimidos.

No podemos pagar el precio de nuestros pecados, pero sí podemos aceptar el pago de Jesús en la cruz, que sí es suficiente para pagar mi cuenta y todas mis deudas. Deja de intentar ganarte el amor de Dios. Él ya te ama, tal como eres.

Cuando recibimos la redención de Dios, Él nos guía hacia un futuro lleno de esperanza.

3. Dios nos da un futuro con propósito después de la redención

Isaías 61:1-3, vemos una profecía sobre el Mesías, que Jesús cumplió, y que habla de traer libertad y restauración. Isaías 61:3 dice: «A ordenar que a los afligidos de Sión se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado.» Dios no solo redime nuestro pasado, sino que transforma nuestro futuro. Él cambia nuestro dolor y luto por alegría y propósito.

Para mi la historia del hijo pródigo es tan impactante porque nos muestra esto:

  • El hijo decide irse con su herencia, la malgasta y lo pierde todo.
  • Sin embargo: su papá nunca se olvida de él. Como veíamos en el punto uno, no importa el error que el hijo cometió, su papá no lo olvida ni deja de ser su hijo.
  • El hijo regresa y le pide a su papá que lo tome como un trabajador, como vimos en el punto dos, pero su papá lo redime porque lo ama, no tiene que “trabajar” por el perdón, simplemente lo recibe
  • Pero lo más impresionante, y es este punto tres, le da un anillo y le cambia la ropa, lo regresa a un lugar de dignidad, sigue viviendo como hijo y tiene acceso nuevamente a una herencia. Su padre le hace un banquete para celebrar su regreso.

La redención de Dios no es solo limpiar nuestro pasado, sino darnos un futuro lleno de propósito. Después de un error, es fácil quedarse atrapado en la culpa, pero Dios quiere llevarte a algo nuevo. Hoy, confía en que, después de la redención, Él tiene un plan para tu vida.

Dios no solo restaura lo que hemos perdido, sino que nos lleva a una vida con propósito y esperanza.


No importa cuántos errores hayamos cometido, cuán lejos sintamos que hemos caído, o cuán pesado sea nuestro pasado. Dios siempre nos ofrece redención, un nuevo comienzo. Él no se olvida de nosotros, su redención no depende de lo que hagamos, y nos ofrece un futuro lleno de propósito. Hoy te invito a que le des gracias a Dios por su redención y por los nuevos comienzos que Él te está ofreciendo.