Una vez «Dios se fue…»

Hace algunos años, cuando recibí a Jesús en mi corazón recuerdo que Dios me hablaba todos los días… Todas las mañanas al salir de mi casa, al ver el cielo, al escuchar música, a través de amigos, en ese tiempo leía la Biblia y tantas cosas en ella eran para mi!

Después de unos años le pregunté ¿Qué pasó? ¿Por qué de repente dejó de hablarme tanto? ¿Por qué se alejó? Yo no estaba haciendo nada malo, yo no había dejado de buscarlo, ¿Qué pasó?

A veces cuando nos acostumbramos a algo, esto puede perder su valor. Poco a poco me di cuenta de la verdad: Dios  no me había dejado de hablar, ¡Yo me acostumbré a escuchar su voz! Se volvió como la música de fondo en un restaurante, donde estás más enfocado en la persona frente a ti o en la comida, que no estás prestando atención.

En mi vida, su voz se volvió como el maná. Cuando el pueblo de Israel salió de Egipto, Dios los alimentó con Maná, al principio era un milagro y todos estaban agradecidos y felices, pero después se les olvidó que el maná era un milagro y comenzaron a quejarse de él, ¡Dejó de ser una muestra del amor de Dios para ellos!

¿Estás tan acostumbrado a escuchar la voz de Dios que dejaste de apreciarla? ¿Estas tan acostumbrado a ver los cielos lindos que te olvidaste que son regalos de Dios? ¿Estas tan acostumbrado a leer la Biblia que no la ves con asombro?

Nuestra relación con Dios es un regalo, y podemos recibir este regalo gracias al sacrificio de Jesús. Si dejamos de cuidarla y valorarla como un milagro corremos el riesgo de acostumbrarnos a tenerla, y podemos perder el asombro cada vez que escuchamos la voz de Dios, cada vez que sentimos su presencia.

Hoy entiendo, pensé que Dios se había ido, pero Dios no se fue, me acostumbré a él, y dejé de verlo. Hoy lo sigo encontrando en todos lados, porque decidí recuperar mi asombro por él, y estoy agradecida por el regalo de su amor y su presencia.

¿Has perdido el asombro por Dios? ¿Has dejado de ver lo increíble que es poder ser llamado HIJO o HIJA de Dios?

«Dios no se fue, me acostumbré a él, y dejé de verlo.»

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