La vida está llena de primeras veces, muchas de las cosas que hacemos hoy en día nos dieron miedo la primera vez. Por ejemplo, la primera vez que manejamos el carro solos (no sé ustedes pero yo estaba muy nerviosa), la primera vez que fuimos al colegio, la primera vez que nos subimos a una bicicleta sin las llantitas de atrás, la primera vez que tuvimos que confesarle una travesura a nuestros papás, la primera vez que se nos cayó un diente, etc.
El caminar con Dios también está lleno de primeras veces, como la primera vez que alguien oró por nosotros, la primera vez que vimos a alguien hablar en lenguas o ser sanado por el poder del Espíritu Santo. Ayer tuve una primera vez muy especial, fue la primera vez que dirigí a alguien en una oración para recibir a Jesús.
Después de esta primera vez tan especial tuve otra primera vez casi igual de especial, mi primera vez orando por alguien en público fuera de la iglesia. Lo que quiero dejar en tu corazón al leer esto no es que yo oré por alguien fuera de la iglesia sino lo que descubrí con ese ejercicio:
- La mayoría de las personas se sorprenden muchísimo cuando les preguntas «¿Puedo orar por ti?» algunas te piden que repitas la pregunta, otras se ponen rojas, otras saltan del susto y la mayoría te ven con ojos de angustia.
- La segunda cosa que descubrí es que TODAS las personas que aceptan que ores por ellas tienen una petición especial. Ya sea por la salud de alguien, por sus trabajos, o por fe, ¡Las respuestas son infinitas!
- Otra cosa importante es que tú puedes sentir que tu oración fue muy pequeña, o que no pasó nada «extraordinario» a veces, pero para la mayoría de las personas esa oración dejó una marca. Muchas personas no lo dicen, pero a través esa pequeña pregunta «¿puedo orar por ti?» las personas escuchan a Dios diciendo «tú me importas, y estoy pendiente de tu vida».
Hoy te animo a ser intencional y buscar dar pasos en fe, ¡Buscar esas primeras veces! A medida que ores por otros tu corazón se va haciendo sensible a sus necesidades, y eso te ayuda a salir del egoísmo de pensar sólo en ti y en tus problemas.
Hay alguien en tu circulo de amigos o en los lugares que frecuentas que necesita desesperadamente que alguien como tú sea valiente y ore por él/ella. La vida espiritual de alguien allá afuera depende de que un sólo valiente se atreva a dejar el miedo por un lado y se deje usar por Dios para impactar las vidas de los demás, ¿Vas a ser tú?
La oración de una persona buena es muy poderosa, porque Dios la escucha. (Santiago 5:16)
